¿La mayor sorpresa de nuestro fin de semana en el bosque? A 3.000 metros, las nubes se sienten.
No solo se ven, aunque también: a media tarde entran entre los pinos hasta que los árboles que están a cien metros se ponen grises y desaparecen. Se sienten. Cuando pasa la neblina hace un poco de frío y te quedan gotitas en la cara y en los brazos. Gina, cuya familia es dueña del lugar, lo dijo mejor que yo: "Respiras agua".
Treinta días antes de ir, yo ni sabía que Bosque Gualel existía. Es un bosque a unos 75 minutos al sur de Cuenca que Gina Ambrosi acaba de abrir a visitantes, y a fines de septiembre nuestras dos familias, doce personas de tres generaciones, fuimos de los primeros en pasar una noche ahí. El video de arriba es todo el fin de semana. Aquí va lo que no cupo: cuánto cuesta, cómo llegar, qué haríamos distinto y para quién creo que es.
En resumen
Dónde: pasando Nabón, en el Azuay, a unos 75 minutos al sur de Cuenca por la Panamericana, y luego 10 km hacia Gualel por un camino de tierra entre pinos.
Altura: un poco más de 3.000 m, unos 550 m más arriba que Cuenca. En la noche hace más frío de lo que uno cree.
Camping: alrededor de $22 por persona, con desayuno. La carpa la lleva usted.
La casa de huéspedes: desde $72 por persona, con comidas. Habitaciones privadas, baño propio, agua caliente, calefactor y nada de wifi.
Para llegar: en época de lluvia el último tramo es solo para 4x4, o Gina lo recoge arriba. Para grupos de 10 o más hay transporte en furgoneta desde Cuenca.
Reservas: por WhatsApp con Gina al +593 987 289 146, o en bosquegualel.com.
Precios de Gina, septiembre de 2026. Confírmelos con ella antes de ir.
Salir de Cuenca
Me encanta esta ciudad. Pero esa semana el equipo había cerrado tres ventas, cuatro arriendos y un montón de entradas y salidas de huéspedes, y yo necesitaba un fin de semana sin teléfono.
Bosque Gualel le resuelve eso. Allá no hay señal, y en la casa no hay wifi. Para Gina eso es parte de la gracia, y después de una noche le doy la razón.
El viaje es fácil hasta que deja de serlo. Hacia el sur por la Panamericana, pasando Nabón, y hay que estar pendiente del letrero que dice Gualel, 10 kilómetros. El último tramo es de tierra, uno baja la velocidad, y el pinar se va cerrando y quedando en silencio hasta que el ruido del tráfico desaparece. Nos encontramos con Gina arriba, en el Aserrío, donde se reúnen todos, y dejamos los carros ahí: había llovido, y la bajada hasta la casa es justo la parte que un carro normal no siempre puede volver a subir.

Cómo un pinar salvó al bosque nativo
Michelle conoce a Gina desde hace años, de las artes marciales. Gina es cuencana, antes vendía bienes raíces, y su familia tiene este terreno desde hace casi cuarenta años. Ella cuenta que la historia empieza con su papá, a quien describe como un soñador, alguien que siempre pensó distinto.
Cuando él compró el terreno, las vías por aquí eran malas, y el bosque nativo de la montaña se estaba talando para hacer carbón. Así que paró la tala y sembró pino. La idea era que quien necesitara madera la sacara de una plantación y no del bosque nativo.

Funcionó, y de una forma que quizás no planeó. Hoy la propiedad tiene unas 400 hectáreas: alrededor de 320 de pino y 80 de bosque nativo que, según Gina, ha podido sobrevivir y hasta crecer bajo la protección de los pinos. Ella dice que fueron las hojas de pino las que devolvieron el agua. Al quemarse el bosque nativo, el suelo perdió la materia orgánica que absorbe la lluvia y la neblina, y las vertientes casi se secaron. La capa de hojas retiene el agua y la deja filtrar despacio, sin lavar el suelo. Ahora las vertientes corren otra vez, atraviesan la propiedad y llegan a los ríos. Gina lo llama una fábrica de agua.
Les cuento su explicación; no es una afirmación científica mía. Pero, parado en medio de esa neblina, cuesta poco creerle.
Por eso ella habla de turismo regenerativo. Quiere que la gente venga y salga renovada, y que el lugar quede mejor para la próxima generación.
¿Carpa o casa?
Esa fue la gran decisión para nosotros, y va a ser la suya. Gina armó dos opciones a propósito, porque casi todo grupo tiene de los dos tipos de gente: los que quieren naturaleza con ducha caliente y los que quieren dormir en el suelo.
En la casa duermen hasta ocho personas. Las habitaciones son privadas, con baño propio, agua caliente y calefactor. La zona de camping está en un claro protegido a unos 100 metros, cruzando una quebradita, con pinos por todos lados.

Éramos doce, así que a alguien le tocaba afuera, y yo ya sabía que me iba a tocar a mí. Así fue. La carpa era de seis a ocho personas, los sacos de dormir abrigaban lo suficiente y llovió en la noche, lo que la verdad fue bonito de escuchar. Si lo vuelvo a hacer, llevo un colchón inflable. El suelo era bien mullidito por la hierba alta, pero no lo suficiente para mí.

Los precios, tal como nos los dio Gina en septiembre de 2026: alrededor de $22 por persona para acampar, con desayuno, y desde $72 por persona en la casa, prácticamente todo incluido, también la comida.
Transparencia total: Gina es amiga nuestra, y nos hizo un descuento en parte de la estadía.
Y sí, en esta montaña hay pumas. Aparecen de vez en cuando, pero no es común verlos, y desde mi carpa no me preocupé mucho. Casi nada.
Hacia la neblina
A media tarde ya había entrado la neblina. Tomamos té con pan recién hecho y guacamole en la casa, nos pusimos las botas y Gina nos llevó al bosque.

La caminata resultó más dura de lo que esperábamos: un par de lomas de verdad, y ya estaba oscureciendo al final. Si lo hiciéramos de nuevo, saldríamos más temprano o pediríamos algo más corto. Gina adapta la caminata si le cuenta qué puede hacer su grupo. Cuéntele. Nosotros íbamos desde una guagua hasta una abuelita.
Junto a una laguna, uno de los niños encontró unas marcas en el lodo: "Y ahí están las huellas del venadito".
La cena, un altillo lleno de niños y una fogata
La cena es en la casa, y hay una sola regla: todo el grupo come el mismo menú, porque la cocina es pequeña. Pónganse de acuerdo antes de llegar. Nosotros elegimos el menú andino: crema de zapallo, pollo ahumado con papas asadas, ensalada, y higos con queso de postre. A los doce nos encantó.

Para tomar, horchata, de la nuestra, rosada y de hierbas y flores. También llevamos unas cervecitas.
Después los niños se adueñaron del altillo, y los grandes nos fuimos con los malvaviscos a la fogata.

Esa fogata fue lo que más me gustó del fin de semana. No la vista, aunque la vista es buena. El silencio. Sin tráfico, sin vecinos, nada más que nuestras voces y el fuego. Un rato de calidad con la familia, que a veces cuesta más encontrar de lo que debería.
Domingo: aromas, la vertiente y las abejas
El desayuno fue huevos revueltos, pan de la Panadería Todos Santos de Cuenca, fruta, café y jugo.
Lo que no esperaba eran los olores. Pino, claro. Pero, se mezcla con el bosque andino, y de vez en cuando uno pasa por algo dulce, sobre todo donde hay agua. No sabría decirle qué es. Solo que es delicioso.
Después del desayuno, Gina nos llevó por el bosque nativo hasta una de las vertientes. Desde afuera es una tapa en el suelo. Abajo es donde el agua sale directo de la montaña. Michelle bajó un frasco a la vertiente y salió lleno. Gina se está preparando para embotellar esa agua con el nombre de Pumagua, por los pumas, que para ella son los guardianes de las vertientes. Cuando fuimos, al lanzamiento todavía le faltaba más o menos un mes.

Luego, las abejas. Gina puso las colmenas recién en mayo, y quiere darles más o menos un año antes de sacar miel, así que no hubo qué probar. Pero, me gustó tanto lo que tiene armado que me voy a comprar un par de colmenas propias, y Gina las va a cuidar en la finca. Otra razón para volver.

El almuerzo antes de irnos fue bolón de verde con menestra.

Para quién es, y para quién no
Es para grupos y familias. Para ellos lo pensó Gina, y es justo lo que nos funcionó: doce personas, tres generaciones, y cada uno encontró lo suyo, sea el altillo, la fogata, las huellas del venadito o el silencio.
No es para usted si la idea de una carpa fría le espanta. Pero, la casa está ahí mismo, así que aun así puede ser para usted. Elija lo que elija, lleve un par de abrigos extra. A esta altura la noche se pone bien fría. Nuestra guía para ir al Cajas tiene una buena lista de qué ponerse en la altura, y casi todo aplica aquí.
Unos consejos prácticos de nuestra noche:
Escojan el menú con todo el grupo antes de llegar. Un menú, una cocina.
En época de lluvia, cuente con un 4x4 o con que Gina lo recoja arriba. Pregúntele al reservar.
Avísele a Gina quiénes van a caminar antes de la caminata, no después.
Lleve abrigo, un buen saco de dormir y, si va a acampar, un colchón inflable.
No espere señal. Descargue lo que necesite antes de salir de Cuenca.
Gina dijo algo en la entrevista que se me quedó grabado. No se puede decir que uno ama la naturaleza si nunca va a ella. Es como decir que uno ama a su esposo y no verlo nunca. Para que un lugar le importe, hay que ir y sentirlo con todos los sentidos.
Esa es la mejor razón que le puedo dar para pasar una noche aquí. Si busca más formas de salir de la ciudad, Girón y su cascada son un paseo de un día fácil. Y si prefiere seguir hacia el sur por la misma Panamericana, pasando Nabón, Oña y Saraguro, nuestro viaje a Vilcabamba es a donde lleva el camino.
Reservas
Las reservas son directo con Gina:
WhatsApp: +593 987 289 146
Web: bosquegualel.com
Si está pensando en una temporada larga en Cuenca, o en mudarse, eso es lo que hacemos nosotros. Escríbanos cuando quiera.
Nos vemos allá.